La exposición constante a pantallas y recompensas inmediatas puede acostumbrar al cerebro infantil a querer todo ya.
Esto puede afectar:
tolerancia a la frustración, sueño, atención, autocontrol, aprendizaje e imaginación.
Por eso vemos niños más:
impulsivos, irritables, distraídos, cansados y dependientes del estímulo constante.
No es solo conducta. También es neurodesarrollo.
Menos pantalla, más juego, lectura, contacto y tiempo para aburrirse.