A los 8-10 años, la curiosidad despega. Ya no basta con "respuestas de cuento"; ellos escuchan cosas en el patio del recreo o ven algo en internet y necesitan la verdad (adaptada a su edad) de la fuente en la que más confían: TÚ. ![]()
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Aquí te decimos cómo ser su lugar seguro:
Llamemos a las cosas por su nombre: Usar los nombres reales de las partes del cuerpo elimina la vergüenza y les da herramientas para comunicarse con claridad.
Anticípate a los cambios: Vello, cambios de voz, estatura... saber qué viene les quita el miedo. ¡Que la pubertad no los tome por sorpresa!
El poder del "NO": Enséñales que son dueños de su cuerpo. Si no quieren un abrazo o cosquillas, su decisión se respeta. Así aprenden a respetar también el límite de los demás. ![]()
Privacidad como escudo: Sus partes íntimas son eso, íntimas. Reforzar este límite es una de las mejores herramientas de protección que existen. ![]()
Control parental activo: El internet no siempre es un lugar seguro. Supervisa lo que ven y configura filtros, pero sobre todo, ¡haz que prefieran preguntarte a ti que a Google! ![]()
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Recuerda: Si tú no les hablas, alguien más lo hará (y quizá no de la mejor manera). ¡Aprovecha cada pregunta! ![]()
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¿Te ha pasado que te hacen una pregunta y te quedas en blanco?
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