¿Alguna vez has notado que después de convivir con ciertas personas te sientes con más calma y energía… y después de estar con otras terminas agotado o tenso?
Nuestro entorno social puede influir en cómo pensamos, sentimos y reaccionamos. Las emociones se transmiten a través de las palabras, el tono de voz, los gestos y la convivencia cotidiana.
La calma puede contagiarse… y el estrés también.
Convivir con personas empáticas y emocionalmente disponibles puede favorecer una sensación de seguridad. En cambio, permanecer constantemente en ambientes de tensión, crítica o conflicto puede aumentar nuestro propio estrés.
Por eso importa nuestro círculo.
Las personas cercanas pueden influir en nuestra autoestima, hábitos, decisiones, motivación y manera de afrontar los problemas.
Busca relaciones donde puedas sentirte:
respetado
escuchado
valorado
acompañado
inspirado a crecer
Y en la infancia esto cobra todavía más importancia.
Los niños comienzan a aprender regulación emocional acompañados por otros. Una voz tranquila, una mirada comprensiva, paciencia, escucha y una presencia segura pueden ayudarles a recuperar la calma.
A esto lo llamamos corregulación y, con el tiempo, estas experiencias contribuyen al desarrollo de sus propias herramientas de autorregulación. ![]()
Por eso vale la pena preguntarnos:
¿Cómo me siento después de convivir con las personas que forman parte de mi vida?
¿En paz? ¿Escuchado? ¿Motivado? ¿Seguro? ¿O constantemente en tensión?
Elegir y construir relaciones saludables también es una forma de cuidar nuestro bienestar emocional.
La calma también se comparte. La seguridad también se construye en compañía.
¿Hay alguien cuya presencia te transmita paz? Etiquétalo o comparte este post con esa persona.
Psic. Karina Villa
@crea_psicologia_integral