Lo que vemos es solo una pequeña parte.
Vemos a un niño que se distrae, se mueve constantemente, interrumpe o parece no escuchar. Pero debajo de esas conductas suele haber algo mucho más profundo.
Un cerebro que hace un enorme esfuerzo por organizarse.
Emociones que se viven con gran intensidad.
Miedo a equivocarse.
Cansancio mental.
Baja autoestima por escuchar una y otra vez que "no pone atención" o que "podría hacerlo mejor".
Muchas veces no necesitan más regaños.
Necesitan comprensión.
Cuando dejamos de preguntar:
"¿Por qué no haces caso?"
Y empezamos a preguntarnos:
"¿Qué estará necesitando?"
Todo cambia.
La empatía no elimina el TDAH, pero sí puede transformar la forma en que un niño vive su infancia.
Detrás de cada conducta hay una historia que merece ser comprendida.
¿Conocías el concepto del iceberg del TDAH?
Te leemos en los comentarios.