Problemas en las funciones ejecutivas.
Dificultad para organizar el tiempo.
Impulsividad.
Desregulación emocional.
Baja autoestima.
Miedo al fracaso.
Sensibilidad al rechazo.
Fatiga mental.
Retos en las relaciones sociales.
Por eso, frases como:
"Es flojo."
"No pone atención porque no quiere."
"Solo necesita esforzarse más."
No reflejan lo que realmente ocurre.
Los niños con TDAH necesitan estrategias adaptadas a su forma de aprender y desarrollarse:
Rutinas claras.
Instrucciones sencillas.
Apoyos visuales.
Pausas activas.
Refuerzo positivo.
Acompañamiento emocional.
Cuando comprendemos que el TDAH tiene una base neurobiológica, dejamos de juzgar las conductas y empezamos a brindar el apoyo que realmente necesitan.
Comprender es el primer paso para acompañar.
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