Cuando un niño llora, se enoja o se frustra, muchas veces nuestro impulso es decirle que se calme, dejar de llorar o explicarle por qué no debería sentirse así.
Pero las emociones no necesitan ser corregidas.
Necesitan ser comprendidas.
Validar una emoción no significa aprobar una conducta.
Significa decirle a esa persona:
"Lo que sientes es importante y no estás solo."
Cuando un niño se siente escuchado, desarrolla seguridad emocional, aprende a identificar lo que siente y, poco a poco, adquiere herramientas para regular sus emociones de manera saludable.
Validar emociones es un proceso que comienza con pequeños gestos:
Escuchar sin interrumpir.
Ponerle nombre a la emoción.
Validar lo que siente.
Reflejar sin juzgar.
Acompañar con nuestra presencia.
Ayudar a recuperar la calma.
Reflexionar juntos cuando la emoción haya pasado.
Porque las mejores enseñanzas no ocurren en medio de una tormenta emocional, sino cuando el corazón vuelve a sentirse seguro.
Educar emocionalmente no es evitar los límites, sino construir un espacio donde niños, adolescentes y adultos puedan sentirse escuchados, comprendidos y acompañados mientras aprenden a gestionar sus emociones.
¿Cuál de estos 7 pasos te resulta más difícil poner en práctica?
@crea_psicologia_integral
Psic. Karina Villa